jueves, 13 de abril de 2017

La democracia es el mejor modelo político hasta hora patentado. Impone a los individuos un método aparentemente abierto para objetos de sus fines.
La genialidad del sistema articula en este sentido al cuerpo social y corrige sus desviaciones en caso que un individuo o grupo desatienda la mirada paterna o materna, según sea el caso, de quien este en el imperio vigilante.
Ampliando el paisaje puede decirse que el cuestionario de normas y formas procede de la cultura del dominador o de sus filiales locales, con el apetitoso afán de encausar dentro del oráculo la diversidad de ideas y pensamientos que pululan en la "atmósfera de libertad" que han creado en los "crisoles de la dignidad, para alcanzar la eficacia de los objetivos propuestos.
Esta metáfora y estilo de la política mayor promueve los eventos que originan las granes extinciones culturales a toda una gama de generaciones jóvenes abriendo cada vez más la brecha entre el pasado y el presente, lanzando a las sombras atlánticas el futuro y, junto a él, la posibilidad de despliegue de nuevos acontecimientos, intercambios y actividades intelectuales.
Se abre así un largo paréntesis entre el prólogo y la continuación de la cultura, restando una visión certera de la realidad, a la que escasos cerebros pueden escapar. Llámese este último caso "libertad irrespetuosa del interés común.
Importa, por tanto, tener una clara visión de que estos tipos de sistemas se nutren de aventureros o víctimas al que no les interesa el saber por el saber mismo, sino que en sus miradas brilla el signo vertiginoso del poder y del progreso individual sobre miles de pupilas humanas que no saben como desbrozar el camino.
Es lógico pensar que hasta ahora el hombre ha sido lanzado fuera de sí sin proveerle una conciencia plena y positiva de sí mismo, haciendo imposible la comprensión del mundo circundante.
Se hace necesario apuntalar la construcción de una propuesta clara y valedera en donde el ser humano se ubique por encima de los valores creados por un sistema encubridor de los vertebrales designios humanitarios, en donde el conocimiento sea un factor asequible al hombre en todo momento realizarse por la conciencia de su inexorabilidad, haciendo acopio de las energías humanas en pos de un sistema libre, más alto y humanizado.