Colgada de tenues hilachas se desprendía la tarde casi gris, emulando un sortilegio sobre el porvenir lindero a esta mañana clara.
Me vestí lentamente, me dije adiós en el espejo. Recogí mi cabello en lo alto de la nuca que se abisma y se eleva a lo remoto.
Combinar las jugadas es difícil, ¿cómo saber si la medianoche es noche o mañana nueva? ¿Si somos el cosmos o él nosotros? ¿Si el hombre es esencia o esencia el hombre? ¿Si la mesa es árbol o árbol la mesa? ¿Qué es lo primero, la llama o el fuego?
La estación no dista mucho de la casa. El camino es de ida o vuelta, o simplemente camino para lo que se quiera que sea, o deje de ser camino y se vista de futuro sin acertijos. Intimamente duele apartarse del él, no por el acertijo sino por el futuro mismo.
Durante dos años de luna he sido declarada invisible por esas cosas de la realidad que uno construye, y la conciencia protege cuando descubre que se es sólo proyección de los deseos de otro ser.
Giran los años, es un nuevo capítulo para crecer o ser un escriba de los estados internos.
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