El sabor del ayer se perdió en nuestros labios junto al anhelo de un futuro perdurable.
Todo lo que fue nunca volverá a ser. El día de ayer murió en el almanaque, los vientos de otoño cerraron la promesa de amor.
Nuestros días mas hermosos nunca lo habremos de conocer, nuestras horas mas profundas ya no se podrán compartir. Todo fue. Sólo es un pasado de un mañana incierto ... vuelo fugaz de ave golondrina ... no queda ni el calor de las cenizas, sólo la vertiente de órbitas confundidas.
Y aquí, sola y meditando miro el contexto, me ha quedado el silencio para conversar mientras la sombra de tu cuerpo va desvaneciéndose oscura por la larga calle del tranvía.
La agonía clara de mi cuerpo errante de mieles y trigo no florecerá.
Va a llegar, algo vendrá, mi fuerza vencedora arrollara todo timbre quejumbroso.
Esta es la hora. No habrá antes ni después. Sólo verdades y este instante mio y certero por donde navegaran mis sueños de mujer. Echaran a navegar todos los cruceros vacíos de pasajeros y en la ronda del crepúsculo crecerán anunciando la nueva alborada. Mi voz, segura y llana será tan inmensa como el universo.
Flor, canto, luz y alegría son mis cimientes y no furia seca de una pasión olvidada.
Hoy es mi día. No lo ofrendare a quien nada sabe acerca de mi.
Sobre el puente de los mil días caerán todos los sonidos deslizándose por mi piel y se encorvaran a mis pies suplicantes por un nuevo amanecer que no dejare volver.
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