lunes, 6 de mayo de 2013

A mi Madre

Mirando el tiempo cristalizado, al paso de mis pisadas, veo el laberinto por donde corretee desde el origen hasta el hoy. Las imágenes se suceden coloreadas por la ternura del recuerdo, manos que me apañan, ojos que cuidan mi aleteo, albergue de toda posibilidad hasta llegar a ser la vida misma.
Cántaro de sol y agua, torbellino de ideales con moños de cinta de colores. La inteligencia, aquí, no sabe nada del alegre despertar hacia la fusión de mundos encontrados, entre la gracia de la juventud transitoria y esas otras cosas que debemos hacer por la elección de no quedar mirando desde afuera la dialéctica de los otros.
Allí en torno a la vida que supone una promesa que queremos ver cumplida, tu rostro de Madre me sonríe por cada rincón de luz que llega desde la esperanza del ayer. Navegando al infinito por seguir el aleteo inicial de tu vientre, dado al mundo con la energía arrolladora del Amor que me hace dormir aún en tu regazo.

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