Joaquín Sabina suena en el parlante mientras el teléfono interrumpe a cada instante: hola, si, bueno, cuelgo. Sabina continua hablando del mono del año 2000. Sobre la mesa, otra vez el molesto timbre del teléfono! , la taza de café Espero que algo interesante ocurra por aquí algún despertar al menos, no sé. Ahora Sabina canta a los años 80. Es bueno oír a alguien que cante en este espacio cerrado, un submundo de canibalismo, rostros amedrentados tras la vertiginosa urgencia de nimiedades. Seres que viven sin darse cuenta que tal vez mañana ya no estarán aquí y en ningún lugar, como ahora autómatas idiotizados.
Ah! algo bueno sucedió me sirvieron café al tiempo que las melodías de Serrat invadieron el recinto alfombrado y tapizado, como corresponde a una gran empresa. Que gracioso es todo esto.
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