Sentada lavando se
quedo dormida ...
Había alguien,
advirtió la presencia de una figura de carne que no logro reconocer, todo era
muy confuso, la escena suponía la representación de aquel joven con quien
alguna vez mantuvo una relación de novios, hoy por circunstancias de la vida
residía en otro espacio y otro tiempo al nuestro. Todo delataba esa situación o
alguna otra tan parecida que mas adelante y antes también había experimentado,
la sensación que algo no encajaba bien en su emoción. Allí estaba en la
nebulosa entre el sentir y actuar reflejado como en un laberinto, donde los
espejos indican direcciones encontradas, diversas y contrapuestas.
Ella era una muchacha
simple, sencilla, buena gente y algunos otros atributos. Siguió siempre el
camino recto y lógico a su entender, sobre todo seguro a su calculo. Y sin
embargo en cierta época comenzó a percibir que algo raspaba en su alma, una
sensación ajena a lo conocido. No supo definirlo hasta muchos años mas
adelante, algo que comenzó a sospechar pero temía reconocerlo, la sensación de
la traición a sí misma, a estar torciendo el sentido profundo de su vida.
Comenzó a sentirse como un viajero que mira desde afuera la tibieza de un hogar
iluminado en una fría noche de invierno, sabia lo que esto significaba y el
peso de esa comprensión latía como una enorme piedra en su ánimo.
Sin precisar el cómo,
se encontraba atravesando la montaña, vivía en las cercanías de un paisaje
majestuoso. En esos grandes micros de larga distancia miraba conmovida la
belleza del lugar, sentía alegría por viajar en compañía de su gran ensueño, el
amor hecho realidad entre los retazos de la vida. El micro se detuvo en un
pequeño poblado donde se desarrollaba una feria de artesanos. Aprovecharon la ocasión sin medir en reparos e instalaron un
puesto con objetos viejos y botellas, muchas de diferentes aspectos. La gente
se inclinaba frente a ese despliegue de formas y colores extraños, tomaban en
sus manos los objetos, esto causaba molestia al joven, la gente no debería
tocar las piezas, ella lo calmaba diciéndole que en general eso sucedía en las
ferias. Allí se quedaron, el tiempo no existía, no se sentía la noche ni el
día, en el transcurrir el joven a su manera da a entender que se quedarían a
vivir en ese pueblo. Ante la festividad de la joven él ríe cómplice y continua
hablando, ella lo escuchaba casi sin entender, solo reconocía un idioma nuevo y
extraño que la elevaba hacia el pequeño trozo de cielo que se veía entre los
picos de las montañas.
Ya cercana la noche
se alojaron en una hostería. La luz de la luna entraba clara y oblicua a través
de la ventana, el rostro de ella se mostraba blanco y tenso, Mientras él dormía
ella regresa a tomar el micro que la lleva al hogar que hasta entonces había compartido
junto a algunos amigos, confía poder resolver algunas cosas y regresar antes
del desayuno. El miedo a perderlo hacia que tomara determinaciones sin
comentarlas, tratando de alejar todo aquello que podría robarle un instante
junto a él.
En su
casa le comunica a Judith, su amiga, que se va a ir a vivir al pequeño poblado
de la montaña. Su amiga le pregunta que le diría cuando la llamen por teléfono.
- no sé ... que me fui ... contesta algo en el aire, después lo resuelvo, debo irme estoy con poco tiempo, y aprovecha para pedirle que la lleve hasta la ciudad, -no puede hacerlo el combustible es muy caro-, al tiempo gira sobre sus espaldas diciendo que si se queda conversando no va a encontrar abierto los comercios.
Ella
permanece mirando el espacio vacilante, formaba parte de su mundo de ilusión.
Muchas veces se detenía a contemplar las imágenes de los noticieros, o el
propio entorno por donde transitaba, un poco asombrada y dolorida de que todo
pudiera ser tan falso y, sobre todo tan injusto. Sacude su cabeza castaña, de
un castaño pálido, lacio, sin retoques que la trae a pensar como hace para
regresar, esta sin dinero. Recuerda un pequeño ahorro que tiene guardado en la
habitación. Se dirige a buscarlo tira del picaporte y descubre la puerta cerrada
con llave. Sale corriendo para encontrar a Judith y pedirle la llave. Había
llegado a una plazoleta llena de puestos, se detiene para ver si la detecta con
la mirada, en las veredas la gente se detenían a comprar, conversaban, se
movían, en los balcones de las casas mujeres apoyadas en el antepecho
observando la escena, por las esquinas los autos cruzaban lentos y escasos.
Corre velozmente hasta llegar al otro lado de la plazoleta, atraviesa una calle
angosta que da a otra calle llena de puestos y negocios, mira hacia los lados y
nada, piensa que no tiene mas dinero que el que lleva en el bolso, se esta
haciendo tarde para retornar al pueblo de la montaña. Regresa corriendo a la
casa, probablemente ya encontraría a Judith, corre sobre los techos de las edificaciones, desciende por la azotea y entra, turbada por el silencio
comprueba que no había nadie allí. Ante la desesperación corre movida al compás
de sus pensamientos, trepa por los techados, baja, atraviesa el patio de
una finca religiosa, con el apuro y el
descuido de la aflicción arrastra algunas plantas entre sus ropas. Trepa
nuevamente por los techos. Al descender nota que se equivoco. Esta en otro
sitio, no era el mismo lugar por donde había pasado. En ese momento pasan unos
delincuentes, queda en medio de un tiroteo, trata de esconderse para no ser
vista, no lo logra, los delincuentes le disparan, se arroja bajo unos tablones
para protegerse, escucha una voz que le sugiere que se esconda. Le disparan
para matarla, en eso momento se pregunta para que regreso, porque siempre
repitió cosas, podría estar en el pueblo, porque siempre se va queriendo
regresar, porque cuando esta quiere irse. Esa pregunta sencilla tenia un
sentido oculto. Sin ningún esfuerzo de la imaginación aparecieron imágenes.
Recordó que en algunos momentos de su existencia se sintió sacudida por la
fuerza de la intuición sin prestarle demasiada cuidado y ahora que estaba
dispuesta a seguirla una amarilla luz de miel se apagaba en sus párpados.
Sabia
que había cruzado la frontera de su vida, no se dio cuenta cuando, o si la
frontera había ido hacia ella obligándola a cruzarla sin que pudiera hacer nada
para revertirlo. Ese se convirtió en el momento más verdadero de su vida, el de
su muerte, cuando el tiempo había tornadose sales de aguas, se escurría, sin
mas sentido, con lo mucho por hacer y que no había hecho, que mas oportunidades podía
esperar ahora que yacía en el suelo cubierta de sangre por acontecimientos
externos que habían truncado inesperadamente su vida, detenido su presente y
robado su futuro, donde todas las posibilidades se convirtieron
irremediablemente en imposibilidades.
... en ese momento,
en que estaba muriendo, alguien le levanta la cara del agua.
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