El tren te lleva rápidamente sobre el riel gastado.
Te diriges hacia algún lugar cargando bártulos, tallando palabras a modo de ejes invisibles, alrededor de la tierra desnuda, tan desnuda como el alma que observa esta vida que se marcha tan lejos, disfrazada con adornos prestados.
Un estruendo fuerte y violento detuvo la marcha del tren, es la hora de huir por los pasillos movedizos, saltar a la plataforma y contar como una anécdota la vida.
En la mano llevas el pasaje, no tiene retorno, del infierno no se huye menos se vuelve.
Que estupidez tratar de racionalizar lo inevitable, los caminos se ensancharon y se enlazaron formando las carreteras.
Ahora hay oscuridad donde llegaba la luz, ahora hay cárceles en la pradera. Ahora solo eres una sombra mal perfilada. Un fantasma convertido en espectro en el último año de algún peldaño.
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