lunes, 6 de mayo de 2013

Carrusel

Que difícil comenzar esta carta de pálido color y triste sabor.
Que difícil hablar con quien ya no esta, con aquel que se marchito.
Dulce muchachito, cabellos azabache, voz de terciopelo. En las madrugadas, me arrullabas como a un carrusel que llega a destiempo, para destapar el volcán que se extinguió entre humos y glicerinas.
Aquel que una mañana me regalo una historia de amor envuelta en fragancias con aroma a eternidad. 
Aquel que acaricio mis cabellos enredados sobre su hombro y beso mi vientre.
Se extinguió como amor de adolescente que crece y se marchita, como el aire entre los dedos.
Nada puedo contarle sobre la hermosura del ancho mar, ni de los peces de cristal que habitan su inmensidad, nada puedo decirle de las estrellas que florean el universo ni de la sonrisa de aquella niña que se fue entre algodones.
Existe otra realidad, la que vive cada uno en esta pension transitoria para luego partir hacia otro tiempo.
Ser sin piel ni color, fantasma de las noches, nubes sin cielo, casa sin ventanas.
Hacedor de mil historias, armador de mil destinos.
Hombre-niño nada queda del aquel amor que una vez fue la luz para la construcción de un nuevo futuro.
Renacer de las cenizas y remontar el vuelo.

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